Las imágenes que llegan desde Irak son aterradoras. Decenas de miles de personas llevan días a la espera de ayuda en una montaña del Norte del país, soportando temperaturas superiores a 40 grados centígrados. Muchos han muerto ya de sed, especialmente niños y ancianos. Los refugiados pertenecen a la minoría religiosa kurda de los yazidíes. Para los islamistas que han cercado la montaña, son “adoradores del demonio” que deben morir. La última tragedia iraquí comenzó cuando el domingo la milicia terrorista sunita del Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS) se hizo con el control de una amplia zona al Norte y al Oeste de la ciudad de Mosul. Entre otras, conquistaron Sinyar, ciudad en la que viven unos 500.000 de los 800.000 yazidíes que se calcula que hay en todo el mundo.
Hasta entonces, y comparada con el resto del país, esta región de Irak era relativamente segura. Tras la conquista de Mosul por parte de los yihadistas en junio y la retirada del Ejército iraquí, los soldados “peshmerga” kurdos avanzaron posiciones en esta zona que, aunque oficialmente está bajo el control de Bagdad, es hogar de numerosos kurdos.
Los ataques de los yihadistas contra los yazidíes están siendo absolutamente brutales, una auténtica cacería. “Decapitan a los hombres y a las mujeres las violan, las obligan a contraer matrimonio o las vendes como esclavas sexuales y las matan despiadadamente”, afirma Telim Tolan, del consejo central de yazidíes en Alemania.
“El ISIS tiene el objetivo de eliminar a todas las minorías religiosas de la región”, explica este experto que está en contacto directo con los yazidíes de Irak. El “asesinato en masa” de yazidíes es sólo el comienzo, dice. “Estamos en la parte más baja de la pirámide”. Mientras que los cristianos aún tienen la posibilidad de irse, entre los yazidíes las opciones son conversión o muerte.
El Corán reconoce a los cristianos como una comunidad religiosa que merece protección, pero los yazidíes carecen de ese estatus. El hecho de que no sólo crean en un dios, sino también en un ángel, es para los islamitas una herejía. Y es que los yazidíes adoran al ángel Mekek Taus, que para los yihadistas es Satanás, el diablo. El lugar más sagrado para los yazidíes es el valle de Lalish, región que también está siendo amenazada por el avance extremista. Algo más al Sur, en Shichan, se encuentra uno de los grandes asentamientos yazidíes, donde residen unos 150.000 fieles. Los combatientes del ISIS aún no han conquistado la zona, pero no está exenta de peligro, pese a la nueva ofensiva estadounidense. Los soldados “peshmerga” han logrado rescatar a unos 10.000 yazidíes de las montañas de Sinyar, y aviones estadounidenses reparten ayuda humanitaria. Pero aún quedan unas 200.000 personas atrapadas en los alrededores.